Celos o algo así.

“Casi siempre hacíamos colas inmensas para conseguir casetas en La Concha, pero, si no lo lográbamos, hacíamos a veces el amor encima de los almendros que rodeaban aquella playa, que como plantas tropicales eran frondosos y tenían un enorme follaje; no era difícil para un adolescente subirse a aquellos árboles y, allá arriba, entre el estruendo de los pájaros, realizábamos maniobras eróticas propias de equilibristas profesionales”.
Reinaldo Arenas. Antes que anochezca.
Leí este párrafo y por poco lanzo el libro al suelo, horrorizado de lo que me provocaba. Apareció como un rayo el recuerdo de cuando me contaste que subidos en un árbol te cogiste a aquel hombre. Maldito. Malditos. Malditas sus maniobras eróticas propias de malabaristas profesionales.